martes, 21 de octubre de 2014

La leyenda detrás de las calabazas de Halloween.

Un hombre llamado Jack el Tacaño invitó al Diablo a beber algo, convenciéndole de que se convirtiera en una moneda para poder pagar. Pero cuando el Diablo lo hizo, Jack se guardó la moneda en su bolsillo junto con una pequeña cruz de plata para prevenir que el Diablo volviera a tomar su forma.

Jack le hizo prometer al Diablo, como condición para liberarlo, que éste no le molestaría durante un año y que cuando muriese, no reclamaría su alma.

Al año siguiente, Jack convenció al Diablo para que se subiera a un árbol para que coger una fruta. Cuando el Diablo subió, Jack talló una cruz en el tronco para impedir que el Diablo pudiera volver a bajar. En esta ocasión, Jack le hizo prometer que no le molestaría en otros diez años.


Cuando Jack murió, Dios no le permitió la entrada en el cielo, y el Diablo, como había prometido, no reclamó su alma. Por ello Jack se vio obligado a vagar en la noche eterna, sujetando un nabo cuyo interior había sido esculpido para contener brasas ardientes, siendo ésta su única luz para guiarse en la oscuridad en busca de un lugar de descanso. Y así continua vagando hasta el día de hoy.

Los irlandeses comenzaron a llamarlo "Jack of the Lantern" hasta que se convirtió en Jack O´Latern.

Es por esta razón que en Escocia e Irlanda se esculpen grotescas caras en nabos, remolachas y patatas, colocándolos en las entradas de sus casas para ahuyentar a Jack O´Lantern y a otros espíritus malignos.

Cuando los irlandeses y escoceses emigraron a América, descubrieron que la calabaza, autóctona del país, era perfecta para continuar con su tradición.


Antiguo Jack O´Lantern conservado en un museo.

Ilustración: Travis Louie.

Travis Louie es un ilustrador estadounidense. Sus dibujos son una mezcla de retratos fotográficos de la época victoriana con un toque freak. Cada una de sus obras esconde una curiosa historia detrás.