domingo, 18 de diciembre de 2016

Relato sobre la caótica firma de Mark Ryden.

Hace un año que el CAC (Centro de Arte Contemporáneo) de Málaga anunció una retrospectiva sobre la obra de Mark Ryden. Se trababa de una exposición de gran importancia pues es la primera de esta categoría que se realiza en toda Europa en exclusiva sobre el maestro del surrealismo pop.

La fecha de inauguración se fijó el 16 de diciembre a las ocho de la tarde. Como evento adicional, se había programado una conferencia una hora antes sobre la obra e influencias del autor en el propio museo hasta completar aforo.


Sobre si Mark Ryden acudiría al evento o realizaría algo como una firma de libros, había mucha rumorología pero nada confirmado ni por parte del museo ni del artista.

Después de unos cuantos titubeos, me decidí a acudir a la conferencia con mi novio. Pensé que sería interesante y probablemente la única oportunidad de ir a un evento de ese tipo.

Cuando llegamos a las 18:30 al museo, vimos lo que no sabíamos muy bien si eran dos colas o una que se iba retorciendo en la entrada. Preguntamos si era "la" cola, a lo que nos preguntaron "¿vais a la conferencia o a la firma?".

¿Firma? ¿Qué firma? El caso es que vi un pequeño grupo de gente arremolinada frente a la pequeña tienda del CAC, que es dónde también se celebró la firma de Benjamin Lacombe. Y sobre todo mucha gente con libros de Ryden, bien recién comprados, bien traídos de casa.

Ante la disyuntiva, decidí mandar a la conferencia a paseo y hacer cola para la firma, de la que en realidad todo el mundo elucubraba pero no se sabía nada seguro. Entré en la tienda a preguntar y los dependientes me respondieron que "a lo mejor se pasa", "no sabemos nada seguro", "a lo mejor hay firma, a lo mejor no".

Ante el peligro de que Mark Ryden viniera a firmar y me quedara sin un ejemplar autografiado de uno de mis ilustradores favoritos, procedí a comprarme uno de los tomos en venta. La rabia que me da es que hace un par de meses me compré uno de sus libros, y si lo llego a saber, me hubiese traído mi propio libro de casa (al margen de que me gusta más el primero que me compré, pero tampoco le hago asco al segundo).


Pasadas las siete abrieron las puertas de la sala de conferencias y comenzó a entrar gente. A los que nos quedamos en la cola para la "no confirmada" firma, nos repartieron unos números (que sospechosamente, el primer número que repartieron fue el 14). Volvieron a insistir en que lo de la firma no era seguro, pero que de producirse, sería sobre las 20:30.

Salimos a tomar algo caliente a una cafetería cercana. Alrededor de las 20:00 regresamos al museo y nos pusimos en cola de nuevo con nuestro número en mano. Poco después comenzó a salir gente de la conferencia y a entrar directamente al museo para ver la exposición. Otras personas se acercaron a la fila de firmas y comenzaron a hacer cola.

Una chica se puso detrás de mi y comenzamos a hablar. Le pregunté por la conferencia y me dijo que había sido horrorosa. Me comentó que también estaba esperando a que le dieran número para la firma, pues llevaba en el museo desde las cinco de la tarde. Cuando le comenté que lo habían dado hacía como una hora se quedó a cuadros. Y probablemente esa sorpresa también la compartieran mucha gente que acababa de llegar o que había ido a la conferencia sin saber que se iba a celebrar una firma.

En aquellos instantes se armó un buen revuelo, pues en la fila se mezcló gente con número y sin él. Y a los de la organización les costó "organizarlos", para que aquellos que ya teníamos número quedásemos en primer lugar (dicho sea de paso, la culpa es en realidad de la falta de organización y de no ser capaces de asegurar nada concreto).

Lo gracioso de todo esto es que, si bien se supone que en la librería "no sabían nada seguro", parecían tener la mesa y demás carteles promocionales más que preparados para ser colocados para la firma. 

La firma comenzó finalmente a las 20:45, lo cual se agradece que fueran relativamente puntuales. Recibí mi genial firma y me hice fotos con él. Mark Ryden es un hombre encantador y muy simpático. También estaba allí si mujer, que me dijo que le gustaba mucho mi gargantilla :).


Salí de allí feliz y entusiasmada, pero a la vez apenada por la mala organización, por la falta de información, porque a cada persona que preguntaba le decían una cosa y porque me imagino que habría gente que se quedaría sin firma por las horas a las que se organizó el evento, o que simplemente no fue porque no tenía ni idea de todo aquello, pero de haberlo sabido habría ido.

¿Verdaderamente no sabía el museo sobre si iba a haber firma o no? ¿No lo habían acordado seguro con el artista? ¿O simplemente querían evitar un exceso de gente a las puertas del museo ante la expectación que genera Mark Ryden?

Sea como fuere, lo que está claro es que había gente que estaba al tanto de ella, gente que no y que la información facilitada por el museo había sido otra.