sábado, 10 de septiembre de 2016

La danza macabra: género literario y artístico.

La danza macabra es un género literario y figurativo muy popular al final de la Baja Edad Media que se proyectó a lo largo de las Edades Moderna y Contemporánea coincidiendo con periodos de graves crisis demográficas. 



Examinada en su conjunto, es una gran sátira social que contempla la Muerte como elemento unificador de toda la humanidad, con independencia de cualquier tipo de escala económica, estamento o grupo social. La universal validez del mensaje explica la fortuna iconográfica de la danza de la Muerte a lo largo de los siglos XV y XVI y su rápida expansión hasta convertirse en un tema recurrente en las artes plásticas, sermones, poesía y teatro de la Baja Edad Media y Primer Renacimiento. 



Desde el punto de vista de las artes figurativas, se representa una o varias personificaciones de la Muerte que se apropian de un variable número de vivos, siguiendo un orden jerárquico. Con el paso del tiempo, la Muerte personificada se convirtió en un muerto concreto representado, bien como esqueleto, bien como cadáver en proceso de putrefacción, entendiéndose en ambos casos como el doble especular del vivo. De ese modo, frente a la jerarquía estamental, expresada por medio de la indumentaria, la homogénea imagen del muerto contribuía a subrayar el poder unificador de la Muerte.



En principio, muestra un grupo de figuras, variable en su número, con una serie de vivos que bailan con muertos, emparejados e intercalándose. Cada imagen suele ir acompañada de textos rimados, escritos en latín o en lengua vernácula, muy fáciles de entender, en un lenguaje muy comunicativo. Imagen y texto construyen un doble código (iconográfico y literario) perfectamente integrado y complementario. 



En la mentalidad de la Baja Edad Media predominan tres puntos de vista sobre la percepción de la muerte. Todos ellos confluyen en la Danza Macabra y ayudan a comprenderla. El primero ve la muerte como un fenómeno universal, que puede sobrevenir de forma brusca e inesperada a personas de cualquier edad y condición, sin tomar en cuenta su estatus social o económico. El segundo afirma que cualquier fama terrenal es transitoria, siendo una variante más del tópico literario grecolatino del ubi sunt? asumido por la literatura sapiencial cristiana. El tercero se relaciona con la vanitas y el Contemptus mundi, y afirma que la belleza física, por muy atractiva que resulte en la juventud, decae con la vejez y desaparece con la muerte cuando la corrupción del cuerpo transforma el ser en la horrible visión del cadáver. 


La crisis del siglo XIV, provocada por la confluencia de la peste negra, la crisis socio-económica y política que de ella se había derivado y la crisis de valores congénita a la incapacidad para dar una explicación a la nueva realidad por parte de las instituciones y los estamentos que entonces estaban en el poder, no gestó lo macabro en el arte, pero potenció su vertiente más repugnante. 



Los carteles, el humor gráfico y las grandes convulsiones bélicas de los siglos XIX y XX explican un tardío renacer del tema, en particular en el periodo de entreguerras. La fotografía y el cine también han recuperado la danza macabra presente en la linterna mágica de George Méliès, en 1898, en un cortometraje animado de Walt Disney de 1929 (The Skeleton Dance) y en El Séptimo Sello de Ingmar Bergman de 1957. En literatura contemporánea merece la pena citar la danza de la muerte de Federico García Lorca, de su Poeta en Nueva York de 1929. En tiempos más recientes, Iron Maiden reinterpretó el tema en clave musical heavy en su decimotercer álbum Dance of death (2003).


La Danza Macabra, Alberto Martini (1914)


Fuente: Herbert GONZÁLEZ ZYMLA, La Danza Macabra, Universidad Complutense de Madrid Dpto. de Historia del Arte I.