martes, 21 de diciembre de 2010

Antonio Canova, el gran escultor neoclásico.

Antonio Canova (Possagno 1757 - Venecia 1822) no realizó estudios artísticos a causa de su origen humilde. Se trasladó a Venecia en 1768, donde comenzó a trabajar como escultor, alcanzando fama rápidamente hasta el final de sus días.


Sus primeras obras, como Orfeo y Eurídice o Dédalo e Ícaro, están impregnadas del espíritu barroco que todavía invadía Venecia. Cuando se instaló en Roma en 1781, definió su estilo como inspirado en la Antigüedad Clásica y por los principios teóricos de Winckelman, Milizia y otros autores que corte neoclásico.


Sus primeras obras del período romano, como Teseo y el Minotauro, manifiestan su maestría técnica lograda a través de muchas horas de estudio, trabajo y práctica, sobre todo en el dibujo. Ello le permitió adquirir una maestría y perfección anatómicas de las que carecían sus primeras obras.




Se convirtió en el principal representante del movimiento escultórico neoclásico, y recibió encargos de personajes ilustres como Napoleón o Catalina la Grande de Rusia.


Canova trabajó principalmente en mármol de acabado pulido y perfecto, representando el ideal de belleza de su tiempo con una expresión de reposo mientras que otras gozan de gran expresividad.


Así, cabe destacar dos de sus obras más representativas. Por un lado el retrato de la hermana de Napoleón, Paulina Borghese, representada como una Venus, y por otro lado Las Tres Gracias, que encarnan el ideal femenino.


Finalmente cabe decir que Canova renovó el arte del sepulcro monumental, donde destacan los realizados para los Papas Clemente XIII y Clemente XIV, además de la famosa efigie de Napoleón desnudo. Su arte le convirtió en un hombre influyente e importante de su tiempo, razón por la cual el Papado le encomendó misiones delicadas como recuperar las obras de arte expoliadas por Napoleón.

2 comentarios:

Andrés Z. dijo...

Me encanta, tego muchas de sus obras en mi colección de imagenes.
Me encantan sus obras :)

Besossssss

Madame Macabre dijo...

Me pareció un escultor fantástico. Quizás no aportó nada nuevo, pero era simplemente hermoso todo lo que hacía.

Gracias por comentar, besitos.

Madame Macabre.