martes, 10 de julio de 2018

Peligros cotidianos de la vida victoriana Parte 4: el papel de pared y el "verde arsénico".

En el siglo XIX las ciudades se expanden para dar hogar a una clase media en crecimiento. En 50 años, esta clase paso de dos millones de personas a nueve. Estas nuevas clases medias están muy orgullosas de sus casas. Tienen dinero, y desean gastarlo para hacer de su hogar el lugar confortable con el que sueñan.

La cuestión del buen gusto se debatía en libros, guías y revistas. El propio John Ruskin hablaba del buen gusto como una calidad moral que mostraba la personalidad de las gente.



Sin embargo, los victorianos no eran conscientes de los asesinos escondidos en sus hogares. Frente a la simplicidad en la decoración por la que se apostaba en el siglo XVIII con grandes paredes blancas, en el siglo XIX se buscaba el lujo y la intensidad de colores, lo cual convirtió al papel pintado en el elemento decorativo por excelencia.

El papel pintado era prueba de riqueza y buen gusto. Se preferían los colores ricos e saturados ya que por primera vez en la historia, las lámparas de gas permitían tener casas lo suficientemente iluminadas para apreciar los colores intensos de sus paredes.

Numerosos manuales, como el Castle Housegold Guide explicaban como decorar la casa. Exponía los principios del buen gusto y los motivos que había que comprar. En estos manuales se recomendaba el verde para empapelar habitaciones principales como el salón por considerarlo un "color adecuado para el descanso".


Un verde particularmente intenso, conocido como verde Shill. Se trataba de un científico sueco que, mezclando diversos productos químicos y pigmentos, había dado con una tonalidad de verde muy viva y que no palidecía. Se utilizaba para casi cualquier cosa: papel pintado, velas, juguetes para niños o para teñir la ropa.


Vestido teñido a base de arsénico

Se produjo entonces una extraña coincidencia: mientras aumentaba la venta de papel pintado en esta tonalidad, también lo hacían las muertes y enfermedades inexplicables. En realidad no había nada de misterioso en estos incidentes, puesto que lo que daba a ese papel esa intensa tonalidad verde era el uso del arsénico, el cual se desconocía en aquella época que era tóxico, e incluso mortal.


Mientras que para el papel pintado el arsénico era aspirado, cuando se trataba de ropa teñida de dicho color el veneno se absorbía a través de la piel. Asimismo, numerosos juguetes infantiles estaban pintados de esta tonalidad elaborada a base de arsénico. Sin embargo, muchos de los casos se interpretaban como cólera debido a la similitud entre los síntomas de dicha enfermedad y el envenenamiento por arsénico. Los síntomas de envenenamiento son, principalmente, una inflamación de la garganta y el aparato digestivo, la boca seca y dificultades para tragar. A continuación, cuando atacaba al sistema digestivo, sobrevenían unos dolores atroces junto a vómitos y diarreas.


Manifestaciones de envenenamiento por arsénico


A ello se suma el hecho de que las casas victorianas eran muy húmedas al carecer de sistemas como la calefacción central. Por lo que la mezcla del pegamento para papel, la humedad y el arsénico facilitaba el surgimiento de hongos que liberaban esporas de arsénico, las cuales eran muy tóxicas.


Vestido teñido a base de arsénico

En una superficie mural de 100 metros cuadrados, podíamos encontrar hasta 2 kilos de arsénico. Sin embargo, y pese a las alertas de los médicos, las compañías productoras de papel pintado se negaban a admitir la peligrosidad del arsénico. Incluso el artista William Morris, padre del movimiento Arts & Crafts, y que poseía una mina de arsénico que le reportaban una gran fortuna, prefería ignorar ese hecho.



El cambio en la mentalidad se iniciará con un hecho singular como fue el fallecimiento de uno de los sirvientes de la reina Victoria por una intoxicación de arsénico. La soberana haría lo posible entonces para recomendar al Parlamento que tomaran medidas sobre la cuestión, lo cual no se haría hasta la década de los 70 del siglo XIX.

Fuente: Documental "Belle Époque assassine", Capítulo 1.

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